Las pirámides son símbolos del conocimiento, de la toma de consciencia.
Abajo en la base, seguramente encuentres muchas otras personas del mismo lado que tú. Y sin embargo, también muchas otras al otro lado que jamás podrías ver.
Sin embargo, las pirámides están hechas para subirlas: A medida que vas ascendiendo, la fila de tu lado se reduce de tamaño y por tanto encuentras menos personas, pues algunas son vagas y no quieren subir, otras se entretienen con aquello que encuentran en cada escalón, otras llegan antes de manera más o menos justa, etc.
Seguimos subiendo y comienzas a ver que la distancia que te separa del lado opuesto, así como de los dos lados que se corresponden con el tuyo, es cada vez menor. Cada vez las diferencias con el resto de personas que se encuentran a tu "altura" son más pequeñas.
Ejercitar esa subida es imprescindible para ascender cada vez con mayor habilidad, con más ánimos y sacando mayor partido a tus capacidades.
Todo parece muy simple, pero, partiendo siempre de la base de una realidad fractal, ¿cómo se encaja esta forma piramidal en un esquema fractal?
Ante todo: estas estructuras de las que hablo las tomo y pienso como metáforas, símbolos que como las palabras, nos ayudan a entender situaciones abstractas o demasiado complejas que requieren una burda síntesis como primer paso introductorio para nuestro primitivo entendimiento humano.
Así, volviendo a la referencia de la realidad fractal, podemos afirmar que la pirámide del conocimiento es infinita, y que cada escalón supone en sí mismo una pirámide. Depende de nuestra capacidad así como de la autogestión de dichas capacidades, que ahondemos más o menos en cada nuevo conocimiento, y que decidamos seguir subiendo o pausar nuestro camino.
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